Paz y bien,
Hace ya tiempo que vengo sintiendo que estoy en “tierra de nadie”, al tiempo que tengo ganas de compartir ciertos sentimientos e intuiciones, pero… no encontraba el momento, la forma, o las ganas.
El caso es que esta tarde me he encontrado con un texto (y también con una situación) que, dado algunas de las cosas que estoy viviendo a nivel muy personal, me han dolido muchísimo.
El texto es de S. Alfonso y dice “Nuestra vocación es para aquellos que quieren ser Santos, y que quieren ser por entero de Dios.” Y la situación, ha sido en el módulo 14 de la prisión de Picassent. Durante la oración, cuando estábamos terminando, uno de los internos le ha pedido a mi compañero (religioso y estudiante de teología) que hiciera una oración por ellos en voz alta, porque a él le daba vergüenza y porque su oración seguro que era mejor (no sabría explicar lo que ha dicho o ha querido decir, pero de sus palabras se entendía que él creía que por ser religioso, su oración era más ¿válida?).
Textos como el de S. Alfonso nos podemos encontrar en mil y una órdenes religiosas o movimientos eclesiales… pero… ¿Nuestra vocación es para aquellos que quieren ser santos? Históricamente se ha entendido y creído que los religiosos, los curas, son aquellos que están “más” llamados a la santidad, aquellos que están más cerca de Dios, aquellos que se han entregado por entero a Dios, mientras que los demás… no se han entregado tanto… porque no han sido capaces, porque no han querido, o porque no han sabido… Pero… ¿realmente hay una vocación que es más santa que las demás?
Para alguien que intenta hacer Vivo el evangelio en su día a día… con su pobreza, desde luego, pero que lo intenta con todo lo que es y sabe, pero… que no es religiosa, ni religioso, y por supuesto no es (ni nunca lo será, porque la iglesia no lo permite, entre otras cosas) sacerdote…. Duele…
Tantos textos de tantos santos, tantos comentarios de tantos sacerdotes, tantas creencias de tantos fieles… Tantas y tantas cosas y realidades que siguen perpetuando la jerarquía y dejando en las manos de unos pocos la decisión de quien es digno y quien no para recibir el cuerpo y la sangre de Cristo… Duele…
Yo no soy más que una cría seducida por el evangelio, por la tonta idea de que la fe y el amor mueven montañas, de que no hay nada más grande que la misericordia y el perdón, nada más grande que el servicio a los más pequeños, NADA más grande que el AMOR…
Pero… ¿Es verdad? ¿Alguien aquí se cree el evangelio? ¿Alguien en la Iglesia es capaz de no preocuparse por el que comerá o vestirá, consciente de que es el mismo Dios y su providencia quien se lo facilitará? ¿Alguien es capaz de perdonar hasta 70 veces siete? ¿Alguien es capaz de dar la cara y poner la otra mejilla cuando lo han abofeteado y avergonzado? ¿Alguien es capaz de Amar cuando ha sido humillado? ¿Alguien aquí es capaz de dejar sus redes, su barca y seguir al Único al que le debemos obediencia? ¿Alguien es capaz de Amar hasta las últimas consecuencias? ¿Alguien es capaz de dejar que Dios le hable al corazón? ¿Alguien es capaz de escuchar su corazón, le lleve a donde le lleve?
Todas estas preguntas cada vez duelen más…
Porque en muchos momentos siento que todo esto no es más que un mercado… Los cristianos de hoy, no nos diferenciamos tanto de los judíos y romanos que mataron…
Hoy seguimos estableciendo diferencias, entre los que nos llamamos cristianos seguimos estableciendo clases, hay luchas de poderes, seguridades, y decisiones que condenan a unos y salvan a otros.
¿Alguien en este mundo tiene poder para negarle el cuerpo y la sangre de Cristo a otro? ¿Por qué? ¿Acaso, desde que evangelio se le puede negar el cuerpo y la sangre de Cristo a una mujer lesbiana o a un hombre divorciado, o a un asesino?
¡¡Si Jesús de Nazaret hoy se acercaría a esas personas!! ¿En que estamos convirtiendo el cristianismo? ¿En una religión que excluye al que Dios AMA?
Cada día entiendo menos y cada día, algunas cosas duelen más… por ello… me siento en tierra de nadie… Cercana a órdenes religiosas, cercana a movimientos eclesiales, cercana a parroquias, cercana a institutos seculares, cercana a comunidades concretas, pero… en tierra de nadie… TODAS son válidas, y sin embargo todas se creen las mejores… Me siento parte de todas y parte de ninguna…
Ayer, hablando con un amigo me decía que la única decisión que se podía tomar “para siempre” era la de Amar a Dios y seguirle, discerniendo en cada momento cual es su voluntad, ante las realidades que se te presentan. En cada momento hay que decirle SI a Dios para toda la vida, pero quizá mañana… la forma cambie…
Hoy, sólo quería compartir mi destierro, mi lugar en la iglesia… mi tierra de nadie…
Dulces sueños.