¡Estemos en vela!

 

¡¡¡BUENAS TARDES CON ALEGRÍA!!! ¡¡¡PAZ Y BIEN!!!

¡¡Mañana es el primer domingo de Adviento!! ¡¡Bieeeeeeeeeeeen!! No puedo negar que el Adviento es el tiempo litúrgco que más me gusta, que más vivo, y que más disfruto! Es un tiempo precioso de Espera y de Esperanza, de Alegría, de Vida!! No sé muy bien, porque me gusta tanto, pero… lo cierto es que (casi) siempre lo vivo con gran intensidad! Cómo si una de las personas que más quieres en este mundo estubiera embarazada y tuvieras presente la cuenta a trás para ver la carita a esa preciosa criatura de sus entrañas! No sé! La Navidad nunca ha sido un tiempo especial para mi (bueno… que nunca ha sido especialmente bueno… más bien al revés… jeje) Y desde ya hace unos años que descubrí el adviento, y cada año lo vivo intensamente, esperando que al llegar la Navidad algo cambie en mi… como el niño que espera ansioso los regalos de reyes… yo… espero ilusionada que al llegar el gran día… Él nazca en mi, y pueda Vivir unas Navidades como Dios manda (y no como lo hace la sociedad en la que vivimos…) Ojalá éste sea el año, en el que siento nacer en lo más profundo de mi corazón a ese pequeño que cambia la vida de quien lo conoce en sus entrañas, de quien lo saborea dentro de él, de quien se atreve a amar hasta el final, de quien se atreve a defender el Amor y la vida que encierra su palabra!

Y antes de dejaros con la buena noticia… os invito a Vivir este tiempo a través de este bonito calendario que he descubierto en unos Odres de los que bebo a menudo, y que por supuesto os invito a que también bebáis vosotros (si pincháis sobre el link, os llevará al blog de Fer, y podréis disfrutarlo!)

Y… ahora sí… Aquí os dejo con la Buena Noticia del primer domingo de Adviento!

De la Buena Noticia de Jesús de Nazaret según san Mateo (24,37-44):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre

Comentario de José Antonio Pagola sobre la buena Noticia de Jesús de Nazaret según San Mateo (24,37-44)

SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Los evangelios han recogido de diversas formas la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta “vigilancia” para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Más tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada época, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia.

Así recoge el Vaticano II esta preocupación: “Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura…”.

Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: “Crece de día en día el fenómeno de masas que, prácticamente, se desentienden de la religión”. ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión?

La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades?

Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo?

Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el “escándalo permanente” de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús?

Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión, la de cada uno.

¡FELIZ DÍA JUNTO AL PADRE Y LOS HERMANOS!

 

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